A ojos cerrados, de Hernán Jiménez
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Tuve la oportunidad de ver A ojos cerrados, el primer largometraje de Hernán Jiménez, cerca de 18 meses atrás. Era uno de sus primeros cortes, incluso aún no tenía la música definitiva, ni mucho menos el trabajo de coloración que hoy tiene, pero ya era, en esencia, una gran película. Ya había tenido la oportunidad de entrevistar a Hernán durante un día de la filmación y el privilegio de ver la peli me entusiasmaba. Así, cuando en la sala pequeña del cine Magaly, y junto a un puñado de gente, vi por primera vez A ojos cerrados, supe que estaba ante un proyecto diferente dentro de la todavía tambaleante industria cinematográfica nacional. Desde entonces, esperé este estreno.
Ayer martes, pero esta vez en la sala principal del Magaly, vi la obra terminada. En un par de días, ustedes podrán también disfrutarla. La historia que cuenta A ojos cerrados es simple; tanto que podría ocurrirle a cada uno de nosotros. Gabo y Maga, los abuelos; Delia, la nieta. Esos son los personajes principales. ¿Las locaciones? Una casa en San Ramón de Tres Ríos, un edificio de oficinas en algún lugar de Santa Ana, las calles de San José, la ruta a Limón y el celeste de sus playas. Eso es todo. Aún así, su historia y sus temas son universales; simplemente sucede acá y eso, de alguna manera, nos hace identificarnos aún más con la cinta.
En la primera mitad de la película, Jiménez desmenuza a cada uno de los personajes —con esa capacidad narrativa suya de síntesis—. Muy pronto, sin siquiera darnos cuenta, ya estamos involucrados con ellos. Gabo (Carlos Luis Zamora), es el abuelo entrañable que muchos tenemos; Maga (Anabelle Ulloa) es sólida en su interpretación y de su boca salen diálogos que remiten a nuestra infancia; y Delia (Carol Sanabria), es quien carga con el mayor peso de la cinta con sobrada presencia y sobre todo, con una sinceridad que encanta. Su mirada, en cada momento, nos dice qué sucede en su alma; desde los momentos de felicidad hasta aquellos de infinita tristeza.
La trama esencial ya todos la han visto en los avances. Súbitamente, Maga muere, en una secuencia en la que el silencio —con apenas el trinar de los pájaros y el viento moviendo una cortina— se apodera de Gabo. Ahí, por varios minutos, Gabo —y nosotros—, sentimos el dolor de la ausencia; Gabo se sumerge, a ojos cerrados, en una especie de mutismo que Delia deberá descifrar para recuperarlo y darle ganas de seguir adelante sin su compañera en este extraño viaje que es la vida.
A ojos cerrados no se esconde tras poses o artilugios de ningún tipo; no es grandilocuente ni despilfarra recursos. Tampoco tiene grandes nombres a su alrededor ni ínfulas de grandeza. El buen cine requiere, simplemente, talento, sinceridad y osadía; Hernán Jiménez tiene todo esto, y con su ópera prima, lo demuestra. No se la pierda.
Del amor y otros demonios, la película, de la costarricense Hilda Hidalgo
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“Un perro cenizo con un lucero en la frente irrumpió en los vericuetos del mercado el primer domingo de diciembre, revolcó mesas de fritangas, desbarató tenderetes de indios y toldos de lotería, y de paso mordió a cuatro personas que se le atravesaron en el camino. Tres eran esclavos negros. La otra fue Sierva María de todos los Ángeles, hija única del de Casalduero, que había ido con una sirvienta mulata a comprar una ristra de cascabeles para la fiesta de sus doce años”.
Con esas palabras inicia Gabriel García Márquez su libro Del amor y otros demonios, obra en que se inspira la película homónima, proyectada a partir de hoy en las salas costarricenses.
La particularidad de la ocasión ―además de aquella de ver en la pantalla plateada una adaptación de una obra del insigne escritor― es el hecho de que detrás del filme se encuentra el trabajo de la directora y guionista costarricense Hilda Hidalgo. Ella, junto a la también tica Laura Pacheco (productora junto a Hidalgo de la cinta, con la empresa Alicia Films), así como la música de Fidel Gamboa y otros costarricenses detrás del producto final, nos traen la producción nacional más ambiciosa y lograda de nuestra incipiente industria cinematográfica.
UNA TRAVESURA DE ENSUEÑO
En algún momento, Hilda Hidalgo se refirió al hecho de llevar al cine la novela Del amor y otros demonios como “la posibilidad de hacer una travesura maravillosa”. Y si esa travesura tiene además la venia del propio García Márquez, quien concedió a Hidalgo los derechos de su novela tras una conversación afortunada, el tema adquiere carices más amplios.
Recordemos cómo surgió todo. Durante una charla que García Márquez diera en la Escuela Internacional de Cine y TV de la Habana, Hidalgo le comentó que sentía que Del amor y otros demonios era su obra más cinematográfica. La respuesta de Gabo fue sencilla: “¿Le gustaría llevarla al cine?”, dijo, y tras la respuesta afirmativa de Hidalgo, García Márquez simplemente le dijo: “Pues hágala”. Y así, elegida por el destino y por Gabo, y tras cinco años de intenso trabajo, Del amor y otros demonios está finalmente en las salas de Costa Rica, tras ser estrenada en el Festival Internacional de Cine de Pusán, en Corea, a finales de 2009, el Festival de cine de Cartagena de Indias a inicios de este año y en el resto de Colombia hace apenas un par de semanas.
LA TRAMA
La trama de Del amor y otros demonios la conocen todos los admiradores del escritor colombiana Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura en 1982. Eso sí, de acá en adelante revelaré parte de la historia, por aquello de que prefieran verla antes de leer esta nota.
En pleno siglo XVIII, en Cartagena de Indias, una niña, Sierva María de todos los Ángeles, hija única del marqués de Casalduero, es mordida por un perro rabioso. Son los años de la inquisición y la esclavitud (hermanas ambas) y Sierva María, quien ha sido criada con los esclavos negros de su padre, es una niña que se comporta como ellos, conoce sus lenguas, baila su música, come sus comidas. Muy pronto, el suceso con el perro rabioso llega a oídos del obispo, quien al creerla endemoniada convence al padre de que la envía a un monasterio para ser sanada. ‘Por fortuna’, concluyó, ‘aunque el cuerpo de tu niña sea irrecuperable, Dios nos ha dado los medios de salvar su alma’ (…). Así, lapidariamente, la vida de Sierva María, y su mundo, cambia para siempre. Recluida en el convento, recibe la visita del padre Cayetano Delaura, discípulo del obispo, a quien se encomienda exorcizar a la niña. De este encuentro nace una historia de amor imposible, prohibido y desgarrador.
EL FILME
Desde el primer cuadro, Del amor y otros demonios es un filme visualmente arrollador. La maestría del director de fotografía Marcelo Camorino, unida al preciso trabajo del director de arte Juan Carlos Acevedo, hacen de la visión de Hilda Hidalgo un filme con fotografía de ensueño. Contrastada como en los cuadros de Caravaggio, según ha relatado Camorino, la fotografía vive de los contrastes, de la luz y la sombra, de primerísimos planos en penumbra, de puntos focales que resplandecen como si fueran de otro mundo, en medio de la oscuridad que los circunda. Al sumarle la belleza de Cartagena de Indias como marco — con locaciones como el Palacio de la Inquisición, el Palacio del Marqués de Valdehoyos, el claustro San Pedro Claver, el Castillo San Felipe y la casa de Huéspedes Ilustres—, el ojo experto de Camorino no pudo sino regocijarse.
Contada más visualmente que con diálogos ―algo propio de la literatura de García Márquez―, Hilda hurgó en los recodos de la novela y supo sacar su esencia. Sus imágenes, mágicas y silentes, nos transportan sin prisa hacia el interior de los protagonistas. Eso sí, Hidalgo dejó de lado la historia de los padres de Sierva María de todos los Ángeles, interesante en cuánto a mostrarnos las razones del comportamiento de la niña; “(…) creo que lo que nos parece demoníaco son las costumbres de los negros, que la niña ha aprendido por el abandono en que la tuvieron sus padres (…)”, dice en cierto momento de la novela y la película el padre Cayetano Delaura, uno de los protagonistas principales, interpretado extraordinariamente por Pablo Derqui, quien nos lleva por su viaje hacia el tormento del amor imposible, aunque correspondido.
Quizás, ese tema, hilo central de la obra literario, es el que me hizo falta. Y entiéndase que una película basada en un libro no tiene por qué ser una copia del original. Es (el filme), de todas formas, una obra completamente nueva, vista por un creador distinto de la obra originaria, y la supresión de ciertos pasajes, o el agregar otros elementos, no es ni bueno ni malo, es simplemente una decisión consciente del director y el guionista, en este caso de Hilda Hidalgo. Pero esto, al final de cuentas, es sólo un gusto personal que no demerita el filme en su totalidad.
“(…) La niña, hija de noble y plebeya, tuvo una infancia de expósita. La madre la odió desde que le dio de mamar por la única vez, y se negó a tenerla con ella por temor de matarla. Dominga de Adviento la amamantó, la bautizó en Cristo y la consagró a Olokun, una deidad yoruba de sexo incierto, cuyo rostro se presume tan temible que sólo se deja ver en sueños, y siempre con una máscara. Traspuesta en el patio de los esclavos Sierva María aprendió a bailar desde antes de hablar, aprendió tres lenguas africanas al mismo tiempo, a beber sangre de gallo en ayunas y a deslizarse por entre los cristianos sin ser vista ni sentida, como un ser inmaterial (…)”.
Sigamos. Hilda cuenta la historia desde la impávida mirada de Sierva María, con “su modo de ser era tan sigiloso que parecía una criatura invisible”. Eliza Triana, la niña que la interpreta, da vida a una Sierva María igualmente enigmática. “(…) “Vivía con el alma en un hilo desde que creyó descubrir en la hija una cierta condición fantasmal. Temblaba sólo de pensar en el instante en que miraba hacia atrás y se encontraba con los ojos inescrutables de la criatura lánguida de los tules vaporosos y la cabellera silvestre que ya le daba a las corvas. «Niña!», le gritaba, «te prohíbo que me mires así!» (…)”, se dice en un pasaje de la novela, cuando se habla de Bernarda Cabrera, madre de la niña e interpretada en el filme por Margarita Rosa de Francisco. Y así interpreta Triana a Sierva María, como una criatura invisible, de un blanco fantasmal, una especie de ángel silencioso que no sabe que con su sola mirada desata el amor y otros demonios. Y eso es justo lo que el personaje necesitaba. La fuerza desgarradora que se apodera del padre Cayetano Delaura, invencible incluso a los azotes y las oraciones, en contraste con los sutiles gestos de Sierva María, dan vida a un amor imposible.
Por otro lado, tenemos el conflicto religioso, encabezado por el propio Cayetano Delaura y su superior inmediato. “El obispo de la diócesis, don Toribio de Cáceres y Virtudes, alarmado con el escándalo público de los trastornos y desvaríos de Sierva María, le mandó al marqués un recado sin precisiones de causa, de fecha o de hora, lo cual fue interpretado como un indicio de suma urgencia. El marqués se sobrepuso a la incertidumbre y acudió el mismo día sin anunciarse”. Interpretado por Jordi Dauder, el filme gana cuando se le tiene en pantalla. Lo mismo sucede con Don Ygnacio de Alfaro y Dueñas, segundo marqués de Casalduero y señor del Darién, padre de Sierva María, a quien el actor Joaquín Climent da vida.
“(…) ‘Te hemos hecho venir’, dijo al marqués, ‘porque sabemos que estás necesitando de Dios y te haces el distraído’.
‘Pues muy mal lo has logrado’, dijo el obispo.
‘Es un secreto a gritos que tu pobre niña rueda por los suelos presa de convulsiones obscenas y ladrando en jerga de idólatras. ¿No son síntomas inequívocos de una posesión demoníaca?’
El marqués estaba espantado.
‘¿Qué quiere decir?’
‘Que entre las numerosas argucias del demonio es muy frecuente adoptar la apariencia de una enfermedad inmunda para introducirse en un cuerpo inocente’, dijo. ‘Y una vez dentro no hay poder humano capaz de hacerlo salir’.
‘Por fortuna’, concluyó, ‘aunque el cuerpo de tu niña sea irrecuperable, Dios nos ha dado los medios de salvar su alma’ (…). El diálogo anterior, presente tanto en el libro como en la cinta, evidencia fielmente lo que se cierne sobre Sierva María.
Otro de los personajes importante, el doctor Abrenuncio de Sa Pereira Cao (un sólido Damián Alcázar, uno de los grandes actores de nuestra región), a quien la iglesia desde siempre ha deseado quemar en la hoguera por no ser una oveja mansa, hace hincapié en el conflicto.
“(…) ‘Entre eso y las hechicerías de los negros no hay mucha diferencia’, dijo. ‘Y peor aún, porque los negros no pasan de sacrificar gallos a sus dioses, mientras que el Santo Oficio se complace descuartizando inocentes en el potro o asándolos vivos en espectáculo público’ (…)”.
Del amor y otros demonios es cine costarricense y colombiano; cine de nuestra región. Mal acostumbrados a las experiencias cinematográficas agridulces que emanan la mayoría de las veces de nuestro medio, Del amor y otros demonios nos hace soñar con una industria costarricense del cine sólida y boyante. No la pasemos por alto; Del amor y otros demonios lo maravillará.
FICHA TÉCNICA
Guión y dirección:
Hilda Hidalgo, basada en la novela Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez.
Elenco:
Pablo Derqui, Eliza Triana, Jordi Dauder, Joaquín Climent, Margarita Rosa de Francisco, Damián Alcázar,, Martha Leal, Alina Lozano, Carlota Llano, Linnette Hernández, Humberto Dorado, Leonor González Mina Y Victoria Hernández.
Compañías productoras:
Aliciafilms y CMO Producciones S.A.
Productora asociada
Cacerola films
Producción:
Laura Imperiale, Clara María Ochoa, Laura Pacheco e Hilda
Hidalgo.
Con la participación de:
Fideicomiso Del amor y otros demonios
RCN CINE – E-NNOVVA
Con el apoyo de:
DHL, Programa Ibermedia, Universidad Veritas, Cinergia, Fondo para el Desarrollo Cinematográfico - Colombia y Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.
Productor asociado:
Jorge Sánchez
Director de fotografía:
Marcelo Camorino A.D.F.
Directora de producción:
Ana Piñeres
Director de arte:
Juan Carlos Acevedo
Casting:
Silvia Amaya (Colombia), Laura Cepeda (España) y Tania Ceballos (Cuba).
Montaje:
Mariana Rodríguez
Director de sonido:
Nerio Barberis
Diseño de sonido:
Nerio
Barberis y Miguel Hernández.
Música:
Fidel Gamboa
Animación:
Martestudio
Diseño de vestuario:
Adán Martínez
Diseño de maquillaje:
Helmut Karpf
Diseño de peinados:
Tina Arévalo
Postproducción:
Pedro de la Garza
‘Gestación’, cine de primer nivel
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Sin duda, el éxito de público de Gestación alegra. Estas tres semanas liderando la taquilla nacional —al momento de escribir estas líneas— envían una señal inequívoca de que el talento costarricense merece ser apoyado. Eso sí, y hago la salvedad, no por ser nacional merece ese apoyo, eso sería un craso error, sino porque el talento es, o simplemente no es. En Gestación la cuestión es clara: hay talento y, además, muchos aciertos.
¿Cómo podemos comenzar? Se ha hablado mucho del hilo conductor de la película, el que finalmente da título a esta película; Gestación. Sin embargo, aunque bien logrado en líneas generales, no me parece lo más importante del filme. Es cierto, todo se teje a su alrededor, pero la vitalidad de la película está en otros detalles, como en la dirección, en la fotografía, en las actuaciones, en el lenguaje utilizado y en su música.
Comencemos pues a intentar desmenuzar algo de esto. Detrás de esta cinta se encuentra el director Esteban Ramírez, a quien ya le debíamos algo: su primer largometraje, Caribe, encendió la chispa de una alicaída producción nacional. Y si bien aquella película quedó debiendo en algunos aspectos —pienso por ejemplo en el guión y algunas actuaciones—, su llegada fue un hálito de aire fresco para nuestro sector audiovisual, y eso nadie se lo puede quitar.
Ahora con Gestación, Ramírez lima las asperezas de aquel primer trabajo y refuerza los puntos altos de entonces. En primer lugar, repite con una excelente fotografía, en este caso quizás más íntima, más cercana a sus personajes, como una suerte de testigo silencioso de cuanto acontece. Además, en manos de Eduardo Flores Torres, vemos un San José como nunca antes lo hemos visto; con el óxido del tiempo carcomiendo sus glorias pasadas; pero con un dejo nostálgico que la embellece y ennoblece: nuestra capital, al verla a través de la mirada de Flores, nos hace palpitar, añorar.
Otro acierto, uno de los que más pesa, es el de las actuaciones; en su mayoría asumida por noveles actores que hacen sus primeras armas. Los personajes principales, Jessie (Adriana Álvarez), Teo (Édgar Román) —a quien ya conocíamos de El cielo rojo— y Alba (Natalia Arias), nos regalan personajes creíbles, cercanos. Jessie y Alba, especialmente, parecieran ser aquellas chiquillas del barrio o del cole que eran amigas inseparables y que todos, aún en la memoria, recordamos así: leales e inseparables. Sus gestos, cada mirada, cada sonrisa están llenos de expresividad y, lo más importante, naturalidad. Sin temor a equivocarme, ambas redimensionan la película.
Otro acierto de Gestación está en su banda sonora. Al recurrir a Bernal Villegas, uno de los músicos de rock más talentosos de nuestro país, los sonidos de nuestra capital adquieren una vitalidad y expresividad sin precedentes en nuestro cine. La guitarra de Villegas habla un lenguaje que nos toca, que entendemos, y que da voz a una ciudad vilipendiada —quizás con razón—, pero que con estos nuevos sonidos se nos representa renovada, y por qué no, entrañable. Igual sucede con los personajes de carne y hueso; la música de Villegas, junto a la magnífica fotografía, nos permite compartir sentimientos y situaciones que ensalzan la cinta en su totalidad.
Finalmente, y acá creo que está el mayor de sus acierto, hay que tocar el tema de los diálogos y el lenguaje. Creo que Gestación reafirma algo que desde hace cierto tiempo (no mucho, eso sí) se viene fraguando en nuestro cine: el encuentro feliz de nuestras producciones con una voz con la cual se puede identificar nuestra sociedad. Son pues éstas, nuestras propias historias contemporáneas, contadas en nuestro lenguaje cotidiano, las que calan en el público tico y lo vuelcan a las salas.
“Nuestra Costa Rica citadina tiene infinitas historias que contar, con su propio lenguaje, con esa nuestra propia forma de hablar, mezclando el vos y el usted como en ningún otro lugar del mundo, que es algo que se ha ido perdiendo (ante el tú de otras latitudes) quién diablos sabe por qué”, escribí hace más de un año en este mismo espacio. Entonces hablaba de El cielo rojo, pero creo que algo que ya se vislumbraba entonces, se viene a confirmar con Gestación. Yendo un poco más allá, me atrevo a pronosticar que algo similar sucederá con la película de Hernán Jiménez, A ojos cerrados, que en cualquier momento llegará a las salas y comparte con El cielo rojo y Gestación esto que hemos hablado del lenguaje y de nuestras historias cotidianas. Nuestros cineastas han encontrado pues, con el lenguaje y el correcto retrato de aquellas características que nos definen, el vehículo para llevar al cine tico a nuevos puertos. Así, Gestación permite que nos apropiemos de cuanto sucede en la pantalla; nos enternecemos, nos identificamos, nos vemos retratados en muchos de sus pasajes y ahí está una de sus mayores riquezas.
Gestación merece verse. Gestación es cine nacional. Ambas cosas deben valorarse por aparte. Gestación es cine de primer nivel y en ello estriba la razón principal de que deba verse. Si a ello sumamos que es cine de factura costarricense, la dicha es, por supuesto, mucho mayor. No lo dude, vea Gestación.
La Muestra entregó sus premios
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La 16° Muestra de cine y video costarricense entregó sus reconocimientos esta noche en el cierre de una semana con lo mejor del audiovisual nacional. El Cine Variedades —casa habitual de la cita— se volvió a vestir de gala y reunió desde el pasado viernes 12 de noviembre a un amplio público ávido de cine.
Estos son los premios entregados:
Premio especial Víctor Vega:
A Patricia Velásquez por su cortometraje Cualquiera.
Mejor cortometraje de ficción:
Cualquiera, de Patricia Velásquez.
Mejor documental:
Querido Camilo, de Daniel Ross y Julio Molina.
Mejor animación:
Plumas y acero, de Óscar Cruz.
Mejor video musical:
Ríos de gente, de Marvin Murillo.
Mejor video creación:
Rememorando, de Jurgen Ureña.
Mejor documental ambiental:
Barva: madre de las aguas, de Sonia Mayela Rodríguez.
Mejor documental ambiental de tema marino:
La marina errante, de Pablo Ortega.
Mención especial del jurado:
Última hora, de Andrea Jiménez.
Mejor dirección:
A Miguel Gómez por su película The End.
Mejor Actriz:
A Michelle Vásquez por su actuación en Cuilos.
Mejor actor:
Fue declarado desierto.
Mejor dirección de fotografía:
A Gustavo Brenes por Para sostener el cielo.
Mejor guión de cortometraje:
A Pietro Bulgarelli por 2 kilos.
Mejor edición:
A Marco Morales por Sueño Olímpico.
Mejor dirección de arte:
A Olga Madrigal por su trabajo en Cualquiera.
Mejor música original:
Para Marco Morales por su trabajo en Sueño Olímpico.
Mejor sonido:
Fue declarado desierto.
Mención especial del jurado:
Al elenco de Depression.
Premio especial del público:
Por la lucha, de Ernesto Valverde.
Domingo de Muestra
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La 16° Muestra de cine y video costarricense tendrá su día de mayor exposición este domingo 9 de noviembre, cuando en 3 tandas continuas, un total de 18 trabajos audiovisuales llenen con su luz la pantalla plateada del capitalino Cine Variedades. La Muestra, que inició a teatro lleno el pasado viernes, llega así a la mitad de esta edición.
Al ser en punto las 3 de la tarde, y en función única, estos son los trabajos que se presentarán:
Barva: Madre de las aguas, de Sonia Mayela Rodríguez. Genero: documental ambiental.
La lista roja, de Freddy Serrano. Género: documental ambiental.
El sonido del bosque, de Adalberto Blanco. Género: documental.
Chamanes y guacales, de Carolina Jiménez. Género: documental.
La Orquesta de la Papaya, de Marvin Murillo. Género: documental.
A las 5 de la tarde, repitiendo la tanda del sábado por la noche, 6 propuestas tomarán la pantalla:
Perros, de Francisco Munguía. Género: video creación.
Las manzanas, de Alex Catona. Género: cortometraje.
Cuilos, Paz Fábrega. Género: cortometraje.
Me hubiera gustado, de Marvin Murillo. Género: video musical.
Última hora, de Andrea Jiménez. Género: animación.
La tosca herramienta, de Pablo Ortega. Género: documental.
Finalmente, y para cerrar esta jornada dominical, 7 trabajos serán proyectados:
Querido Camilo, de Daniel Ross y Julio Molina. Género: documental.
Loop, de Francesco Bracci. Género: video creación.
Descriptar, de Emmanuel Sotela. Género: Video clip.
Ellas se aman, de Laura Astorga. Género: cortometraje.
The End, de Miguel Gómez. Género: cortometraje.
Plumas y acero, de Óscar Cruz. Género: animación.
Los piratas de la placa de Cocos, de Pablo Ortega. Género: documental.

