24
Feb
2010

Zona de miedo (The Hurt Locker), ganadora del Oscar 2010 a mejor película

Escrito por cine a las 18:01 5 Comentarios
(874 views)Categorías: Crítica, Avances (Trailers), Recomendaciones, Actores, Directores, Suspenso, Drama, Premios

“La guerra es de colores". Hubiera querido titular así esta entrada, título de un cuento escrito por mi padre hace algunos años. Todavía recuerdo vívidamente los momentos en los que ése y otros de sus relatos aún no estaban escritos —hoy forman parte de un libro de cuentos publicado por la UNED bajo el título Los años del verde olivo—, y mi padre los contaba en alguna tertulia entre sus amigos. Ahí estaba yo, sentado, un pequeño niño callado, escuchando atentamente aquellos “recuerdos de hombres y mujeres entrañables, todavía jóvenes, todavía buenos, eternizados en el tiempo intocable de los sueños”. Aún hoy, tantos años después, no sé describir la extraña emoción que despertaba en mí cuando lo escuchaba rememorar su paso por las montañas nicaragüenses durante 1978 y 1979, en la ofensiva final contra la cruenta dictadura de los Somoza.

Escribo del tema —el de la guerra—, pues me parece que justamente de eso habla The Hurt Locker; no de la guerra de Irak y todas sus implicaciones, sino de la guerra como fenómeno humano, con todo y sus contradicciones. Con ella como andamio, la directora Kathryn Bigelow y el escritor Mark Boal nos hablan al oído sobre el miedo y la valentía, la esperanza y la frustración, el deber y la imposición, temas todos que encuentro en los relatos de mi padre…

The Hurt Locker, algunos detalles
La trama de la cinta es simple. Un escuadrón antibombas recorre las calles de Bagdad desactivando explosivos. Para ello, utilizan los últimos dispositivos que la tecnología les brinda, desde robots que hacen los primeros acercamientos al objeto sospechoso (pensemos en un WALL·E pero al servicio de la guerra), hasta un traje blindado que da cierto tipo de protección. Sin embargo, al final de cuentas, las bombas deben ser desactivadas por un humano, sólo él puede, con sus dos manos — “con las manos de matar”, como diría Silvio Rodríguez— y su intelecto, desarmar los intrincados mecanismos que las gobiernan. Es ahí, en esos momentos de tensión, en donde la película vive sus mejores momentos.

Jeremy Renner encarna al sargento William James, un experto en explosivos que contabiliza casi un millar de bombas desactivadas. Para él, cada nuevo trabajo es un desafío, la lucha de su mente contra otra que creó el artefacto. Como si de un juego de ajedrez se tratara, James intenta descifrar la celada que su contrincante le ha puesto.

El segundo al mando es Sanborn (Anthony Mackie), altamente eficiente, pero contrariamente a James, nunca se sale del librillo. En esto, ambos chocan. James se sabe el mejor y, quizás por ello, desafía a la muerte en cada trance. Sanborn, por otro lado, intenta cuidarle sus espaldas.

“Hay suficientes explosivos ahí adentro como para volarnos a todos hasta el cielo. Si voy a morir, quiero estar cómodo” (“There’s enough bang in there to blow us all to Jesus. If I’m gonna die, I want to die comfortable”), dice el sargento James en cierto momento, mientras se desembaraza del traje que lo podría salvar de la muerte. Al otro lado de la línea, Sanborn maldice la falta de miedo de su compañero.

Así, seguimos a este escuadrón en su día a día, en situaciones en las que el suspenso se apropia de nosotros, a la espera del segundo en el que el explosivo se active y acabe con la vida de cuántos lo rodean. Si bien las situaciones se repiten —desactivar explosivos será siempre desactivar explosivos—, de alguna manera el suspenso crece a medida que avanza el metraje. Una y otra vez, bomba tras bomba, The Hurt Locker nos lleva por los sinuosos y extraños parajes de la mente de quienes viven una guerra.

Aciertos
Sin duda, el guión de The Hurt Locker es uno de los puntos altos de la película. Escrito por Mark Boal, un periodista que estuvo junto a un comando similar al de la cinta en Irak reportando para la revista Playboy, su escritura nos lleva directamente al meollo del asunto. Cuando el sargento James se encuentra al frente de un nuevo explosivo, estamos junto con él. Cuándo el cansancio, el estrés y el miedo se apoderan de los protagonistas, estamos con ellos. Incluso, cuando James llama a casa para simplemente escuchar la voz de su esposa, estamos en sus zapatos.

La fotografía, a cargo de Barry Ackroyd, es también acertada. Las explosiones filmadas en una impecable cámara lenta nos enseñan la cruda realidad de la destrucción. Filmada en ciertos tramos a manera de documental por múltiples cámaras de 16 milímetros con múltiples puntos de vista, Ackroyd nos hace testigos de primera línea de todo cuanto sucede en el campo. Acá, fotografía y guión funcionan como una mancuerna perfecta para el suspenso.

Finalmente, en cuanto a la directora Kathryn Bigelow, esta es definitivamente su mejor película hasta el momento (Strange Days (1995) y Point Break (1991), sus más conocidas). El pasado fin de semana, los británicos dieron sus premios a lo mejor del cine de esta temporada y The Hurt Locker se llevó los más importantes, aquellos a mejor fotografía, director, película, guión original, sonido y edición, venciendo a Avatar, la gran favorita del mundillo del cine —el de los grandes estudios, me refiero—. Tras este resultado y a poco más de una semana de la entrega de los premios Oscar, espero que Zona de miedo (nominada a 9 premios al igual que Avatar) la venza. La cosa es muy simple, The Hurt Locker es mejor cine que Avatar. Y si tomamos en cuenta que costó $489 millones de dólares menos que la súper vitaminada película de James Cameron —$11 contra $500—, la lucha termina siendo entre un cine sensato y otro descabellado.

Corolario
Una tarde, el timbre de la casa sonó. Yo acababa de regresar de la escuela y buscaba qué hacer para ocupar lo que quedaba del día. Al escucharlo, corrí al portón que separaba la cochera de la calle y al abrir la puerta me quedé mudo.

“¿Está tu papá?”, me preguntó. No sé qué respondí… estaba aturdido y con el corazón queriendo salírseme por la boca, entre a la casa, tembloroso y emocionado, buscando a mi madre.

“Mamá, ahí afuera está Edén Pastora, y pregunta por papá”. Qué conversaron no lo recuerdo, lo que sí sé es que rememoraron juntos algunas de los pasajes de aquellos años del verde olivo, mientras yo, desde mi cuarto, intentaba no perderme ningún detalle.