‘La escafandra y la mariposa’
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El cine que estremece, que deja la mente en una suerte de estado alterado —cercano podría decirse a la euforia— es el que finalmente termina por habitar nuestra memoria para siempre.
Me ha sucedido unas cuantas veces el encontrarme con este tipo de trabajos. La sensación, una vez finalizada la proyección, es la misma: me alejo de la sala de cine sintiendo todos los sentidos alerta, como si de alguna manera la película me hubiese puesto en conexión con cuanto sucede a mi alrededor. Llevo la piel erizada y al recordar ciertos pasajes no puedo sino sentir que un escalofrío recorre mi cuerpo.
Eso mismo me sucedió cuando observé La escafandra y la mariposa. Salí de la Sala Garbo (¿cuál otro cine sino éste la proyectaría?) invadido por la euforia. El filme narra la historia verdadera del reconocido editor de la revista francesa Elle, Jean-Dominique Bauby —interpretado magistralmente por Mathieu Amalric— quien, a los 43 años sufre un accidente cardiovascular que lo termina confinando a la cama de un hospital. Jean-Dominique sufre lo que sus doctores llaman el “síndrome del confinamiento”: mientras su cuerpo está prácticamente paralizado, su mente se encuentra intacta. Su única comunicación con el mundo exterior, ese inmenso mar fuera de su escafandra, es su ojo izquierdo; un guiño significa sí, dos significan no.
Basado en las memorias del propio Jean-Dominique, “dictado” letra por letra por el propio autor a una de las jóvenes que lo asiste, una labor titánica dadas las circunstancias, el director Julian Schnabel (Basquiat, Before Night Falls y Berlín), el guionista Ronald Harwood (El pianista) y el fotógrafo Janusz Kaminski nos llevan a un lejano lugar, asequible únicamente para la mente de Jean-Dominique hasta que éste lo puso en letras. Ahora en la pantalla plateada, su mundo interior termina por atraparnos.
La ruta a este lugar fue extenuante, y esa parte del viaje nos hace comprender la compleja naturaleza del ser humano, con sus errores y aciertos, sus defectos y virtudes. Jean-Dominique estaba lejos de ser un hombre perfecto. Triunfador en su vida profesional, en lo familiar había repartido dolor. Su esposa, quien después estaría a su lado, soportó en silencio su abandono y deslealtad, sólo para poner su otra mejilla tan pronto tuvo la oportunidad —y Jean-Dominique la abofeteó de nuevo—. Pero también Jean-Dominique tenía breves momentos que lo hacían entrañable. La escena en la que recuerda la lejana tarde en que afeitó a su padre, por ejemplo, nos revela su contradictoria naturaleza, tan humana y, al fin de cuentas, tan parecida a la de cada uno de nosotros.
Al escribir, Jean-Dominique encontró su escape. A pocos días de ver su obra publicada, bajo el título Le Scaphandre et le Papillon, Jean-Dominique emprendió su último viaje. En ese momento era un poco más sabio y, cuan crisálida, salió de su capullo para sorprendernos con su metamorfosis.
‘Los abrazos rotos’ y el blog de Almodóvar
(14501 views)Categorías: Avances (Trailers), Recomendaciones, Directores, Drama, Cine europeo
Estaba por escribir sobre Los abrazos rotos, el nuevo proyecto fílmico de Pedro Almodóvar, el gran cineasta español, cuando navegando por Internet di con la siguiente página: www.pedroalmodovar.es. Se trata del blog del mismísimo maestro, y es interesante meterse —porque eso de alguna manera es lo que uno hace— en los pensamientos íntimos de las personas, o por lo menos en lo que piensan en voz alta.
Después de leer bastante en estas páginas, que debo decir me han parecido interesantísimas, he cambiado de opinión, y no hablaré de su última película, simplemente les dejaré el avance. Además, les paso tres fragmentos del blog de Almodóvar, a quien da gusto leer y al que recomiendo visiten. Por ahora, eso será suficiente. Cuando la película se acerque, sí hablaremos de ella, y de sus protagonistas: Penélope Cruz, Rubén Ochandiano, Lola Dueñas, Ángela Molina, Rossy de Palma y Blanca Portillo.
“El cine, para mi, es representación, y las canciones que utilizo como herramienta narrativa también. La vida no es como se ve en mis películas, ni Madrid, ni la Mancha, ni las mujeres alocadas y extremas, mis películas narran mi versión personal, inconsciente y profunda de la vida que me rodea y que me sirve de inspiración. Con las canciones ocurre lo mismo”, dice Almodóvar en alguno de estos pasajes, y palabra a palabra es como si tuviéramos una conversación con el manchego.
“Hace dos días cumplí años. He recibido muchas felicitaciones, algunas inesperadas y originales. Por ejemplo, Meryl Streep me cantó a través del móvil de un amigo feliz navidad en español, desde San Sebastián donde era homenajeada”. Dichoso él, supongo. Debe ser interesante que Meryl Streep te llame en tu cumpleaños.
“Antes de acostarme escribí un boceto de lo que será mi discurso de presentación del premio Donostia otorgado a Antonio (a propósito, el ordenador rechaza esta palabra y en su lugar escribe Donosita, tengo que teclearla varias veces para que el ordenador se entere que es Donostia) pero las últimas palabras con que despedí el día no son las del discurso, pertenecen al “Dietario voluble” de Enrique Vila-Matas. Esta última semana es Enrique Vila-Matas quien sella mis ojos cada noche. Me gusta muchísimo su libro, inclasificable. (A mí me recuerda a otra novela de autoficción, “Automoribundia” de Ramón Gómez de la Serna)”. Igualitico a algunos “cineastas" y “artistas" de por estos lares, que no se leen ni las tiras cómicas.

