Fin de este sueño olímpico
Lunes, agosto 25, 2008

Gabriela Traña
Maratonista costarricense, desde Pekín.
Durante mucho tiempo soñé con estar en unos juegos olímpicos, no podía imaginar cómo sería estar en el acontecimiento más grande al que un atleta puede aspirar. Aunque a veces tuve dudas de tener la oportunidad de participar en ellos, siempre guardé una pequeña esperanza en mi corazón, con mucha ilusión, pero a la vez trabajando constantemente, porque lo lindo de alcanzar una meta no es solo cuando se llega ahí, sino todo el proceso que conlleva llegar ese objetivo.
Hoy, una vez que ya terminaron los juegos y después de vivir este momento tan maravilloso, no me cabe duda de que será un antes y después en mi carrera deportiva, tal y como hay etapas en la vida de toda persona.
La visión como atleta ha crecido en gran forma, la seguridad de cómo se debe continuar entrenando, luchando y pensando está mas definida y siento que existe una mayor claridad en mis objetivos deportivos.
La experiencia que se acumula después de mis 15 años de entrenamiento y competición están ahora fortalecidos con una participación olímpica.
Hay una frase que constantemente me motiva a seguir trabajando con mas fuerza: “Uno puede llegar hasta donde su corazón se lo permita”, y ahora mi corazón está lleno de emoción, de alegría y de energía para iniciar con un nuevo proceso con metas más grandes, con sueños más grandes y muchas más ganas de sobrepasar las adversidades que se puedan presentar en el camino.
Lo que sigue es mas duro, pero ahora uno se siente más fuerte para afrontarlo.
Unos juegos olímpicos no son el final de una carrera deportiva, son el principio de una proyección mundial de una atleta, de una familia, de una comunidad, de una provincia, de una nación (ojala más lo entiendan así).
Ya todos estamos guardando nuestras pertenencias en una maleta y algunos pequeños recuerdos para nuestros seres queridos en otra, con la ilusión de reunirnos con quienes mas nos han apoyado, nuestras familias, nuestros amigos y patrocinadores.
A pesar de nuestro máximo esfuerzo, no llevamos una medalla colgando en nuestro pecho como todos quisiéramos, pero para quienes han sido testigos de nuestra labor diaria, así como de las condiciones en las que llegamos aquí, eso no será problema para recibirnos con los brazos abiertos, con una sonrisa y posiblemente con lágrimas en sus ojos por extrañarnos, así como una gran felicitación y un recibimiento como campeones.
Gracias a todos los que nos han apoyado, a los que conocemos y a los que aún no conocemos y a los que siguen creyendo que podemos lograr cosas aún más grandes, porque su respaldo forma parte de los éxitos que se logran día a día como atleta y como persona.
Hasta pronto.