Lo que pintaba como un pacífico concierto de reggae degeneró, el pasado domingo, en una lluvia de piedras y gas lacrimógeno. Una periodista de Vuelta en U estuvo ahí y sobrevivió para contarlo.
En la U Latina juntar piedras y arrancar las lámparas de la institución fueron algunos de los destrozos.
En pedazos. Los ventanales del Clínica Odontológica lucían así el domingo por la tarde. Este martes el plástico hacia las veces de ventana mientras se logra reparar.
Los destrozos llegaron hasta el paraque de San Pedro.
La policía detuvo a 35 jóvenes sospechosos el domingo.
Los reflectores de la universidad sirvieron a estos jóvenes de barricada mientras hacían destrozos en la Cafetería Latin Break y la U Latina.
Algunos de los jóvenes que cerca de las 4 p.m. no habían entrado al concierto.
Material de oficina fue sustraído.
Monserrath Vargas López Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
Adentro todo era fiesta: música nacional sobre la tarima, malabares, venta de artesanías, gente en bici y patineta, conocidos y desconocidos pasándola bien. Son las 4 de la tarde del domingo. Decidí salir del parqueo bajo techo de la Universidad Latina para conversar con la gente que está fuera y lleva horas esperando para entrar al concierto que cerraría la banda argentina Pericos.
Pero el contraste era evidente: afuera todo era molestia, caras largas indicaban el hastío por la espera.Mientras entrevistaba a un muchacho que se quejaba de la situación, observé cómo las entradas (3 paquetes de Snikers) dejaron de ser recogidas y la multitud corrió a la izquierda del acceso principal hasta llegar al portón que daba a la tarima.
“Querían entrar, era algo comprensible”, aseguró Gustavo Peláez, encargado de prensa de la actividad, quien junto al cantante de El Guato y el jefe de seguridad intentaron explicar a los jóvenes que se había restringido el acceso pero estaban acomodando a la gente de adentro para dejarlos entrar. Sin embargo, algunos muchachos se desesperaron y exigieron entrar de inmediato. Por eso decidieron subirse a las plantas eléctricas, uno incluso agarró su patineta y la estrelló contra esta maquinaria. Los ánimos comenzaron a caldearse y entonces otros manifestaron su inconformidad subiéndose a los carros que estaban fuera del parqueo y brincando sobre el parabrisas. Eran pocos, unos 20 los otros que comenzaron el destrozo; los demás se mantenían observando.
Intervención policial
Pero el asunto cambió cuando a eso de las 4:30 p. m. apareció la policía, ahuyentado a los muchachos de los carros y las plantas dañadas. Los que estaban dentro del concierto y podían acercarse a la malla cambiaron el espectáculo musical por el sucesero. De todas formas no podían salir, la policía no quería a nadie más afuera y los de seguridad privada cerraron los portones, según aseguró Max Arroyo, un joven de 18 años que estaba dentro del parqueo cuando sucedió todo.
La policía logró dispersar a los jóvenes que continuaban destrozando los carros y las plantas eléctricas... a punta de macana.
Ante los golpes policiales, los muchachos de fuera y dentro se molestaron, y además entonaron la conocida canción de El Guato que dice que “Los hombres de armi son unos hijueputas”. Luego de eso llovieron botellas de cerveza, piedras y palos. En un momento los policías se protegieron detrás de las plantas eléctricas y el gas lacrimógeno fue la solución viable para dispersar a los que aún insistían en enfrentar a la autoridad.
El viento se encargó de dispersar el gas y esto afectó a los que estábamos fuera. Cerca de uno de los portones de ingreso pude ver que la gente corría hacía una de las salidas, el gas los había afectado a ellos también.
Corrí hacia esa puerta y me topé con una multitud llorosa que se quejaba de ojos enchilados y dolor de garganta, muchachas desmayadas, gente confundida y llorando. Mientras salían, algunos juntaron piedras y rompieron ventanales, pero el caos al frente del edificio era peor: los inconformes la emprendieron contra los vidrios de los inmuebles principales de la U Latina y durante cerca de 40 minutos destruyeron cuanto encontraron a su paso.
El caos se extendió al resto de San Pedro. Así cerró una tarde para olvidar.
“La policía no quería a nadie más afuera y los de seguridad privada cerraron los portones”.
“ Fuimos a hablar con los que no podían entrar, entendíamos a las personas que llevaban haciendo fila mucho rato. Fueron unos 20. No voy a culpar a las 3.000 que estaban afuera. Decidieron acabar con las plantas eléctricas, para que ni ellos, ni los que estaban adentro pudieran disfrutar del concierto”.
Este estudiante de la Universidad Latina de Costa Rica llegó ayer martes a recibir clases. Respecto al escenario que encontró a su llegada aseguró que las personas que hicieron esto son “gente sin cultura”. A pesar de que sus lecciones no se vieron perjudicadas por el incidente, al aula de materiales dentales le hacían falta vidrios.
“No pudimos tocar. Esto más que repercutir en la escena musical, las principales repercusiones serán a nivel de producción. Fue que se equivocaron al hacer un concierto tan barato con un grupo tan conocido en un lugar cerrado. No me pareció que llegara la policía a tirar lacrimógenos porque había chiquitos”.