Sacrificar cosas que nos dan satisfacción inmediata por asistir a la U es una de las decisiones de naturaleza económica más importantes que tomamos en la vida.
ignacio solís
El término lo acuñó el austríaco Friedrich von Wieser en su Teoría de la Economía Social (1914) y se refiere a aquello de lo que nos privamos cuando hacemos una elección o tomamos una decisión.
Se me viene a la mente por estos días cuando miles de estudiantes se preparan para entrar a clases.
Asumen un costo de oportunidad al dejar la tibieza de las cobijas, el arrullo de la televisión o la adrenalina de las mejengas de fútbol 5 o basket. Dejar esos deleites para asistir a clases no es otra cosa que una decisión de índole económica.
Ignoro que hacía en sus ratos de ocio el distinguido von Wieser, pero él también enfrentó una decisión de esa naturaleza en su juventud. Después de diez años de trabajar para el gobierno, recibió una beca para la Universidad de Heidelberg, en Alemania, y decidió estudiar Economía, a la que le daría después sus más brillantes aportes.
A la hora de enfrentarse a un computador para realizar el proceso de matrícula, uno debería pensarlo como una apuesta, una inversión o un contrato de negocios.
Como toda empresa habrá costos que afrontar. Los fijos (el monto de matrícula, por ejemplo); los variables (los pases del bus, la comida, las salidas después de clases) y los de oportunidad, al dejar de percibir los réditos inmediatos de tirársela rico o trabajar en cualquier cosa.
¿Por qué asumimos todo eso? Por la sencilla razón de que esperamos obtener algo mejor. En buena teoría, uno deja de hacer algo porque espera obtener un rendimiento superior haciendo otra cosa.
Dinero, satisfacción personal, reconocimiento social, ventaja competitiva y hasta devolver el esfuerzo familiar son motivaciones válidas. Decida cuál es el rendimiento por el que está dispuesto a sacrificar tantas cosas y, sobre todo, trate de que el costo no se duplique.