Arturo PardoPeriodista Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
Esta semana, en más de una oportunidad, tuve que acompañar mis desayunos con páginas de periódico llenas de sangre e imágenes televisivas con fluidos rojos que estaban a punto de chorrear por la pantalla.
Sonará desagradable, pero verlo fue aún peor.
En los últimos días noté cómo algunas noticias provenientes de diferentes medios locales no tienen asco en presentar los sucesos literalmente a sangre fría. Parece que han dejado la decencia, el respeto y la consideración de lado, y en su lugar sus enfoques de los hechos violentos resultan macabros, cínicos, escabrosos y hasta me atrevo a decir inmorales.
Si la censura le cae encima a programas televisivos que considera inapropiados o a publicidades que considere inadecuados, ¿por qué no hace lo mismo con medios que promueven los mismos desagradables mensajes de la misma forma?
No resulta válido escudarse en el hecho de que el público disfrute de lo macabro y que por ello es que el medio amarillista vende más. La violencia en nuestro país se incrementa cada día y nadie se cuestiona hasta qué punto los medios de comunicación tienen su cuota de responsabilidad en este mal.
Es muy diferente querer informar sobre los sucesos a presentar explícitamente sus sesos. Día a día, acontecimientos violentos maltratan la tranquilidad de nuestro país y hay quienes se dedican a “adentrarse” en las heridas de víctimas mortales y gozar de las lágrimas de sus familiares.
El amarillismo no se queda en las páginas de un periódico o en el zapping televisivo. Las imágenes sanguinolientas, y sin necesidad de ser mostradas, difícilmente provoquen algo positivo en el espectador o en el lector. De seguro sí generan ganancias en quienes las promueven y las publican, pero también de cierta forma incitan a más violencia y a desarrollar una sociedad igual de amarillista que esos mismos medios.
Probablemente será difícil vivir un día sin que ocurran sucesos. Antes de que eso pase será más factible que alguien actúe y decida frenar los derrames de sangre incitados por algunos medios con malicia.